miércoles, 31 de octubre de 2012
Aún sin comprender entendía
De nuevo esa sensación. El corazón golpeando en su interior, el típico nudo en la garganta, las manos frías, las piernas temblorosas, los ojos cristalinos, a punto de desbordarse.
Una vez más, ella había elegido a otro para mostrarle su cariño, para permitirle disfrutar de su compañía, de su sonrisa, de su mirada.
Envidia. Dolor. Tristeza. Frustración. Temor. Angustia.
Era tal la mezcla de sentimientos y sensaciones producidas por tal hecho, que siempre acababa del mismo modo; huía en silencio a algún lugar solitario, en el que poder llorar, y en cada lágrima derramada desechar una ínfima parte de cada uno de los sentimientos sentidos en ese momento.
Nunca nadie acudía en su búsqueda. Tampoco nadie le echaba de menos. Puede que con razón.
Al día siguiente, tras una noche en vela o, casi peor, de dolorosos sueños, la volvió a ver. La saludó, como siempre hacía, como siempre iba a hacer. Le preguntó cómo estaba, pues a pesar de su dolor, dolor por ella conocido, deseaba su felicidad, porque ella era su amiga, y la quería. Y sabía que querer no es poseer, no es querer tener. Querer es desear lo mejor a aquella persona a quien quieres.
Y aún sin comprender entendía que ella pudiese amar a alguien, a otro, tanto como él a ella, que se había convertido en el centro de su vida, en la razón de sus lágrimas y sonrisas, de sus sueños y pensamientos.
Y demasiadas veces pensaba cuán fácil era el tránsito de la amistad al amor, y qué doloroso y difícil es el tránsito de éste a la amistad, aún cuando el amor fue rechazado y nunca se hizo realidad.
Pero seguiría luchando, contra él mismo y sus sentimientos, por ella.
Por la amistad. Por su amiga.
Pues la quería.
Una vez más, ella había elegido a otro para mostrarle su cariño, para permitirle disfrutar de su compañía, de su sonrisa, de su mirada.
Envidia. Dolor. Tristeza. Frustración. Temor. Angustia.
Era tal la mezcla de sentimientos y sensaciones producidas por tal hecho, que siempre acababa del mismo modo; huía en silencio a algún lugar solitario, en el que poder llorar, y en cada lágrima derramada desechar una ínfima parte de cada uno de los sentimientos sentidos en ese momento.
Nunca nadie acudía en su búsqueda. Tampoco nadie le echaba de menos. Puede que con razón.
Al día siguiente, tras una noche en vela o, casi peor, de dolorosos sueños, la volvió a ver. La saludó, como siempre hacía, como siempre iba a hacer. Le preguntó cómo estaba, pues a pesar de su dolor, dolor por ella conocido, deseaba su felicidad, porque ella era su amiga, y la quería. Y sabía que querer no es poseer, no es querer tener. Querer es desear lo mejor a aquella persona a quien quieres.
Y aún sin comprender entendía que ella pudiese amar a alguien, a otro, tanto como él a ella, que se había convertido en el centro de su vida, en la razón de sus lágrimas y sonrisas, de sus sueños y pensamientos.
Y demasiadas veces pensaba cuán fácil era el tránsito de la amistad al amor, y qué doloroso y difícil es el tránsito de éste a la amistad, aún cuando el amor fue rechazado y nunca se hizo realidad.
Pero seguiría luchando, contra él mismo y sus sentimientos, por ella.
Por la amistad. Por su amiga.
Pues la quería.
SENS
domingo, 28 de octubre de 2012
¿Cuál es la esencia de la divinidad? ¿La carne?
¡De ninguna manera! ¿La fama? ¡De ninguna manera!
Es la mente, la ciencia, el pensamiento correcto.
Así que sencillamente, busca ahí la esencia del bien.
Porque, ¿verdad que no la buscas en una planta?
¿Verdad que tampoco en un ser irracional?
Entonces, debes buscarla en el ser racional.
¿Por qué sigues buscando todavía en otra parte...?
¿Por cuánto te vendes?
"Eres tú quien debe decidir lo que es digno de ti. Eres tú quien te conoces a ti mismo y por cuánto te vendes: cada uno tiene un precio"
valkyrjur, proviene de valr y kjosa

Llagas de amor
Esta luz, este fuego que devora.
Este paisaje gris que me rodea.
Este dolor por una sola idea.
Esta angustia de cielo, mundo y hora.
Este llanto de sangre que decora
lira sin pulso ya, lúbrica tea.
Este peso del mar que me golpea.
Este alacrán que por mi pecho mora.
Son guirnalda de amor, cama de herido,
donde sin sueño, sueño tu presencia
entre las ruinas de mi pecho hundido.
Y aunque busco la cumbre de prudencia
me da tu corazón valle tendido
con cicuta y pasión de amarga ciencia.
Federico García Lorca
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